Desarrollo profesional

Las mujeres y el trabajo emocional durante la pandemia de COVID-19

June 17, 2020

Muchos hogares de todo el mundo tratan de adaptarse a la “nueva normalidad” durante la pandemia de COVID-19. Los niños han dejado de ir a la guardería y al colegio mientras millones de adultos empiezan a trabajar desde casa para detener el avance del coronavirus. El caso es que todos intentamos adaptarnos a una nueva forma de vivir, pero estos ajustes hacen que recaiga más responsabilidad en ciertas personas.

¿Qué es el trabajo emocional?

La socióloga Arlie Hochschild hablaba por primera vez del “trabajo emocional” en su libro de 1983 El corazón gestionado: comercialización del sentimiento humano. El trabajo emocional es el proceso de gestión de las emociones para cumplir los requisitos de un empleo. Las personas que trabajan de cara al público, como los profesores, los trabajadores sociales y los cuidadores, muchas veces tienen que realizar este trabajo emocional para desempeñar su función. Es decir, no solo hacen su trabajo, sino que también deben controlar sus emociones para gestionar mejor las de los demás.

Según Hochschild, las personas que tienen que hacer ese trabajo emocional son más propensas a sufrir estrés y agotamiento. Además, hay una desigualdad de género bastante marcada al respecto. Un estudio de la Nova Southeastern University (enlace en inglés) reveló que las mujeres realizan este trabajo emocional más que los hombres en puestos similares, lo que las obliga a fingir emociones que no sienten para transmitir empatía, optimismo y calma.

Las mujeres también soportan esta carga del trabajo emocional fuera del lugar de trabajo, pues muchas deben gestionar en casa las emociones de sus hijos y cónyuges con el fin de mantener la paz y el orden.

Según una encuesta de Gallup de 2019 realizada en Australia, las mujeres casadas o con pareja en una relación heterosexual suelen realizar la mayor parte del trabajo doméstico. Esto no solo incluye tareas cotidianas como cocinar y limpiar, sino también otras como planificar las actividades familiares y cuidar de los niños, labores que requieren un trabajo emocional significativo.

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El impacto del trabajo emocional

Tradicionalmente, el trabajo emocional está infravalorado y no tiene compensación económica. Es difícil de medir, lo que significa que muchas mujeres no comprenden que están haciendo un trabajo extra, y mucho menos sus empresas o familiares. De este modo se perpetúa el ciclo por el que las mujeres asumen trabajo adicional y sufren el impacto negativo asociado al trabajo emocional. Este impacto incluye lo siguiente:

1. Mayor estrés: las mujeres tienen casi el doble de probabilidades (enlace en inglés) de sufrir estrés que los hombres y el trabajo emocional está estrechamente relacionado con este aumento del estrés.

2. Falta de tiempo para descansar: las mujeres suelen tener menos tiempo para descansar. Aún después de terminar sus tareas, pueden seguir pensando en lo que otras personas tienen que hacer en el trabajo o en casa.

3. Mayor riesgo de agotamiento: se produce a causa del estrés acentuado y prolongado. Cuando una persona sufre de agotamiento, no es capaz de hacer su trabajo, remunerado o no, en las mejores condiciones físicas o mentales. Las personas con trabajos de gran carga emocional son más propensas a sufrir este agotamiento (enlace en inglés).

El trabajo emocional ante el coronavirus

En plena pandemia de COVID-19, los gobiernos exigen educación escolar a distancia y el cierre de las guarderías. Los afortunados que pueden seguir trabajando desde casa deben pensar en qué hacer con los niños y a qué miembro de la pareja le corresponde centrarse en su profesión.

A la hora de tomar estas decisiones familiares tan difíciles, es posible que la carga emocional recaiga involuntariamente en la mujer, aunque compartan activamente las responsabilidades del hogar con sus parejas. La situación es así para Sherrie, una madre trabajadora de Austin, Texas:

“Mi marido hace el 50 % de las tareas de la casa, pero siempre soy yo la que llevo la carga mental de organizar las horas de juego, las citas con el médico, las necesidades escolares y las fiestas de cumpleaños. Así que, desde que mi hija está en casa, siento que soy yo la que tiene que hacer el mayor esfuerzo en pensar qué cosas divertidas puedo hacer para tenerla entretenida”.

Becky, una madre de dos niños en Princeton Junction, Nueva Jersey, se siente igual:

“Tengo un niño de 2 años que ahora reclama mucha más atención que antes, y creo que es porque percibe nuestro estrés. En cuanto el bebé me reclama, mi hijo de 5 años hace lo mismo y también me pide atención. Hoy salí con el coche quince minutos para tomarme un respiro y hacer unas compras y cambié de opinión cuando estaba a punto de entrar en la tienda. No dejo de darle vueltas a la idea de ponerme enferma y al estrés que eso conllevaría en mi familia”.

Claire, madre de un hijo, en Austin, Texas, afirma:

“Hasta ahora lo más duro ha sido adaptar mi horario de trabajo a las horas de siesta. Luego tengo que recuperar horas de trabajo por la noche cuando ya se ha dormido. Es como si no descansara ni un momento, ya que, trabajando en periodos tan cortos, el trabajo se prolonga durante todo el día”.

La carga es aún mayor en familias monoparentales (un 81 % son mujeres, según el Pew Research Center y, especialmente, en aquellos que han perdido su empleo o temen perder su empleo por la pandemia de COVID-19.

Aliviar parte de la carga del trabajo emocional

Ahora mismo, las emociones están a flor de piel y son muchas las dudas que tenemos ante la incertidumbre. Si bien no hay una solución mágica para erradicar por completo este trabajo emocional, se puede aliviar parte de la carga y, así, reducir el estrés y permitir que las familias se desenvuelvan de la forma más cómoda posible. Algunas ideas sobre las que hablar en familia:

1. Repartir responsabilidades: si compartes tu hogar con tu pareja, habla con ella de cómo repartiros las tareas. Haced todo lo posible por identificar qué tareas podría hacer tu pareja para que el reparto de responsabilidad esté más igualado. Esto podría conllevar turnarse a la hora de planificar las actividades para los niños, la compra y las comidas. También podéis establecer turnos en los que no se moleste a la otra persona para que pueda concentrarse en su trabajo. Aunque esto mismo que proponemos sea trabajo emocional, hablar de tus necesidades puede ayudar a tu pareja a entender esa labor inadvertida y poco agradecida que haces todos los días.

2. Sé paciente contigo misma: acepta que no puedes ser todo lo productiva que querrías ser, al igual que le puede suceder a tus hijos. Intenta darte un poco de tregua y bajar el listón con respecto a las normas relacionadas con las horas que tus hijos pasan delante de la pantalla si esto puede ayudarte a tener unas horas de tranquilidad para terminar lo que tengas que hacer.

3. Tómate descansos: toma descansos frecuentes del trabajo e incluso de la familia si fuera necesario. Esto puede significar retirarte para hacer unas cuantas respiraciones profundas, tomarte un café a solas en la habitación o ponerte en el salón con una clase de yoga online.

4. Pon límites y mantenlos: evita el agotamiento y otros efectos negativos del trabajo emocional estableciendo y manteniendo límites en tiempos de crisis. Los límites variarán según la familia, pero puede ser útil que quien pueda hacerlo establezca sus propios límites para mejorar la convivencia en el hogar.